Somos finitos.. En esto encontramos la grandeza y la miseria del ser humano según lo afirma Joan Carles Melich, y desde esta finitud podemos imaginar mundos alternativos; crear un Dios o crear dioses, cada uno con sus propios atributos, cualidades e incluso defectos; pues, estos no pueden existir sin la compañía de la mente humana. Como dice Víctor Raúl Jaramillo: “Dios está en el cerebro del hombre” y al estar allí ya como existir sin éste.
Desde nuestra mente salen las palabras, las cuales incluyen gestos, signos, símbolos, imágenes, conceptos, categorías fórmulas, miradas, y todo tipo de expresiones que comunican una idea y dejan muchas sin decir, por eso es complejo y múltiple. Las palabras muestran el movimiento de la vida: la alegría, la tristeza, la angustia; en ellas se revelan los sentimientos y se pierden otros. Por eso podemos concluir: "El hombre es hombre en tanto que hablante". Si no tuviésemos esta facultad sería inútil luchar por ser reconocidos como seres pensantes.
Melich afirma: “que los seres humanos somos hijos del tiempo que nacemos y morimos en la provisionalidad, en la insuficiencia, y en la insatisfacción”. Posiblemente este hecho nos ha llevado a renunciar a la vida, a la esperanza, a la confianza, y nos ha llevado aferrarnos a otros mundos o estados trascendentales (cielos, purgatorios, infiernos…); lo cual nos ha llevado a crear y vivir en la norma religiosa durante muchos siglos, está orienta a la sociedad en muchas partes del mundo; de formas y maneras diferentes, la cual se expresa con lenguajes distintos y encuentra su sentido en el Bien.
El ser humano según melich “es un animal inadaptado, imprevisible y provisional”. Y por esta razón falla en la búsqueda del Bien, por sus opciones, por sus respuestas y decisiones, el ser humano es un aprendiz, es decir, un ser en constante formación, transformación y deformación.
Estos cambios, lo han llevado a preguntarse sobre su origen y el fin de su existencia, a preguntarse sobre el sentido de su vida, sobre el mal…, pero al no encontrar respuestas claras, sino algunos conceptos variables, se ha abandonado en el mundo de los sentidos especialmente en su juventud; a probar todo, a llevarlo todo a la boca, a palpar y tomar, sufriendo las consecuencias del vientre.
Este dolor viene de nuestra finitud, pues, en definitiva vivimos en un mundo que no escogimos, y precisamente en esto, está fundada nuestra condición, ambigua y frágil. Pues, nuestro mundo es compartido con otros. La criatura que nace está rodeada de otros que lo acogen en el momento de nacer. Para Melich sin esta acogida no hay vida. Si hemos nacido y continuamos vivos es porque hemos sido acogidos. Y esta acogida nos relaciona con los otros, pero estas relaciones son indeterminadas.
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