lunes, 4 de abril de 2011

Un milagro de Dios

El color oscuro de la noche ha cambiado para darle paso al día, con él, miles de ciudadanos presurosos se preparan para recibir la cotidianidad, a las 6:00 AM. hora de levantarse para ir a estudiar, María le da la bienvenida al día con una sonrisa-“hola muchachos qué tal, que alegría verlos”- sus primeras palabras son pronunciadas con la misma claridad que da la mañana, luego alcanza sus pertenencias y las enrolla en una colchoneta que Don Manuel, “un señor muy querido” le regaló, se organiza, se peina y se echa al hombro el colchón a manera de mochila, camina tres cuadras y en el sector de Téjelo, centro de Medellín, en una bodega guarda sus “corotos”.
A María Edilia Henao Franco, un día se le olvidó el mundo; droga y licor contribuyeron enormemente a ello, arrebatándosela a una realidad marcada por el desamor y la indiferencia de sus padres. Hoy vive en circunstancias duras como el pavimento de las calles que le sirven de cama y tristes como las tempestades que enmarcan sus amaneceres.
Son tantos y variados los acontecimientos que han padecido sus noches y son tan dignos de memoria que merecen ser públicos; por el testimonio de vida, por la enseñanza y el empeño que encierran. Nació en Bello en 1954, en el barrio Prado, cuenta que a su padre, Pastor Henao, le regalaron en Fabricato una casa en el sector de Santa Ana; la hipotecó y la perdió. Las camelias, en Moravia, sería el nuevo lugar de residencia de María y sus trece hermanos,tal vez el último concepto de hogar y de familia que recuerda, pese a que allí sólo iba ocasionalmente porque a esas alturas de su vida el parque de Bello, sus cantinas y alrededores le servían de casa.
Su hermano mayor, quien en la actualidad, es ingeniero químico, quiso abusar sexualmente de ella. Se lo contó a su madre, quien no le prestó atención y le restó importancia al hecho. Desde ese día y con tan sólo nueve años abandonó su casa, la calle se convirtió en su compañera y guía. Su madre murió cuando ella tenía quince años, “muchas veces intenté volver a la casa pero mi mamá nunca me recibió, en ocasiones me entraba por el patio porque la puerta me la trancaban” recuerda María.
La infancia de María transcurrió en ambientes festivos y de parranda porque su padre tenía una cantina, a los siete años aprendió a fumar y a tomar. Cuando se fue de la casa se la pasaba días y noches en las cantinas, como era pequeña los hombres le regalaban tragos, veían eso como algo curioso. A los doce años conoció a Amparo, quien le enseñó a robar y a ganarse la vida fácilmente, María recuerda su supervivencia en las calles. Amparo, su compañera de calle y robos, era mayor que ella por ocho años, y le llevaba ventaja en las labores de la calle. La prontitud y la celeridad de María para robar, pronto la convirtieron en una mujer temida, que no se dejaba de nadie.
A los quince años abandonó el sector de Bello, es así como en la década de los sesenta llega al sector de Guayaquil, una zona en donde, en esa época, se incrementaban las cantinas y los cafés. A esta misma edad fue atrapada robando junto con Amparo. Entonces las llevaron a un centro de reclusión de menores que llamaban “el tránsito”, fue su primera vez en la cárcel, pero no la última por que a su haber se registran 32 entradas a la cárcel El Buen Pastor, cárcel de mujeres en el sector de San Javier. La última vez que vio a Amparo fue cuando coincidieron en el mismo reclusorio.

En Guayaquil conoció al padre de sus primeros cinco hijos, un hombre al que enseñó a robar y a participar del negocio. Con la astucia, sagacidad y experiencia aprendida en años, vino el dinero, le empezó a ir bien económicamente, vendía cigarrillos americanos al por mayor, pagaba una casa, mantenía a sus hijos y a su compañero; pero su vida se derrumbaba cada vez más, las drogas y el licor le tomaban ventaja, por eso Bienestar Familiar se llevó a sus hijos y los entregó en adopción a otros hogares; de ellos sabe poco. El segundo hijo, Guillermo, prestó servicio militar y quiere estudiar medicina, su hija mayor al parecer está estudiando derecho, así se lo hizo saber Guillermo a las trabajadoras sociales de Centro Día, una institución adscrita a la Secretaría de Solidaridad que recupera personas de la calle, en donde ha estado María. Su segundo hijo la recuerda porque vivió sus primeros años con ella en la calle. Del padre de sus primeros hijos sólo sabe que lo mataron. Luego se enamoró de otro hombre, un pintor de casas, con quien posteriormente tendría otros dos hijos, ella lo abandonó porque era muy celoso, de estos tampoco recuerda mucho, era una de las etapas más lamentables de su vida.

Angélica, Victoria y Claudia, son tres nombres que ha usado , “En este mundo de las calles, una tiene varios nombres por seguridad” afirma María; pero quizás con el nombre, o el apodo con el que tiene más historia es con el de “la India”. Manejaba bandas y era muy temida, recibió varias puñaladas y disparos. En una ocasión un hombre le pegó dos puñaladas porque no quiso tener relaciones sexuales con él, estuvo a puertas de la muerte, los médicos la habían desahuciado, toda esperanza de salvación estaba supeditada a un milagro y así ocurrió, luego, Tres tiros lograron apaciguarla un poco, uno impactó su pierna izquierda, dejándola coja, desde ese día evitó los problemas, pero siguió consumiendo drogas y alcohol, incluso por allá a finales de la década de los ochenta probó “bazuco”, allí su vida, se perdió del mundo, era como una “loquita” sin rumbo.

Entró a una Comunidad terapéutica y se salió por que no le gustaban los regaños y las recriminaciones Intentó con alcohólicos anónimos y tampoco, sólo cuando oportunamente, uno de sus trece hermanos la encontró y le regaló una Biblia y conoció la palabra de Dios, salió de este terrible mundo, increíblemente este libro de libros, fue el que logró arrebatarla de las garras del alcohol, las drogas y la delincuencia, en las que estuvo cautiva durante 39 años. Hoy María de 50 años cumplidos en marzo, dice a viva voz, plena y satisfecha que lo suyo es un milagro de Dios, Pese a todos esos años en las drogas y el alcohol está saludable , sin enfermedades de los pulmones, ni sida, sólo está coja por el tiro.
Dios parece tenerla para algo grande y lo único que quiere es ayudar a la gente y compartirles la palabra de Dios. Aún sigue en las calles, ha vivido en casa con señoras que la quieren ayudar, pero a veces las cosas se complican y tiene que irse y vuelve a la calle, pero las cosas aunque parecen iguales son distintas porque se mantiene sobria, aprovecha los parques y los espacios públicos para leer la Biblia, su mayor tesoro.
Muchas veces su único alimento es el espiritual que le llena el alma pero no el estómago, pero pese a su condición económica estudia en la Corporación de Estudios Técnicos y Tecnológicos, CESTECya acabó su primaria con excelentes calificaciones, ahora cursa su bachillerato en la modalidad semi-escolarizada, dos años en uno, está en sexto, y es querida y respetada por sus compañeros, profesores y coordinadores, quienes la ven como una líder y un ejemplo a seguir.
En Medellín hay 6.913 personas de la calle censadas por el DANE, entre hombres y mujeres de 12 a 27 años, claro está, sin contar los adultos como María. El tema y la cifra son preocupantes; cuando María ve a tantos niños en la calle con tristeza afirma “todos los niños que están en la calle son producto de la ignorancia de sus padres, primero debemos educar a los padres para que la sociedad tenga buenos hijos” atribuye su sabiduría más que a sus 39 años de vida vividos en las calles a la lectura de dos años de la Biblia “Este libro es mi tesoro” indica con devoción.
Luego de realizar sus tareas en la biblioteca de Comfenalco, en donde también aprende Internet para revisar los correos que sus profesores le escriben. Se dirige rumbo a Téjelo por sus pertenencias y así obtener temprano un lugar para dormir. En la actualidad duerme por la Iglesia de la Veracruz debajo del techo de Avianca, hasta allí llegan personas pidiéndole el favor de que la dejen dormir con ella en la colchoneta, “que pesar, yo les digo que no, porque a mí me gusta dormir sola”. María vive un una lucha constante por superarse como persona. La gran satisfacción que tiene es que cada día lo está logrando.

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